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Un mal día en las máquinas tragaperras

Está acechando detrás de ti, te llega el olor a tabaco de su aliento y los comentarios de su voz rasposa y parece no poder evitar abrir la boca cada vez que giran las ruedas de la maquina tragaperras: “¡Oooh casi lo consigues esta vez!. Sigue sigue que igual ciertas en la próxima. Mira, esa es buena…”

Y entonces aparece otro sosteniendo una cerveza y con una camiseta llena de manchas de comida: ¿Eh? ¿Cómo va tío? ¿Te queda mucho?

Entonces el primero se gira y te dice. “¡Eh! ¡Qué yo he llegado antes!”. Y entonces me mira a mí. “Además, ¿tú qué haces aquí?¿Es la primera vez que vienes a este casino verdad? Pues que sepas que esta es mi máquina. Yo siempre vengo aquí y me pongo en esta máquina, todo el mundo lo sabe. He metido tanto dinero en ella que esta máquina debería llevar una placa con mi nombre”

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“Un momento” Dice el segundo. “Yo estoy jugando con todas las máquinas de esta fila, ¿vale? Tengo que meter una moneda en cada máquina de esta fila y luego repetir con dos monedas. Así que todas las máquinas de esta fila son mías para que pueda hacer mi tecnica secreta.

Y cuando ya no sabes dónde meterte, la discusión arrecia u estas seguro de que esos dos se van a liar a tortas aparece una tercera persona.

“Míralos, discutiendo como críos. Jugara a las máquinas tragaperras es de idiotas. Mira a estos tres, los tres idiotas. Yo juego al blackjack ese sí que es un juego en donde se le puede ganar al casino. Pero nadie gana casi nunca en las máquinas tragaperras. Si es que cada día que amanece el número de tontos crece”

Y para rematar la faena se para una cuarta persona. “¿Quieres saber cómo ganar a las máquinas tragaperras?. Yo conozco un sistema estupendo pero sólo se lo cuento a la gente especial. Y tú tienes pinta de ser muy especial. Podría venderlo pero para que veas que no te engaño es totalmente gratis. Tu pones el dinero yo te cuento el sistema y nos repartimos los beneficios al 50% ¿Qué te parece?

Me parece que elegí un mal día para dejar de jugar al poker. Digo mientras pongo pies en polvorosa